lunes, 6 de febrero de 2017

EL COMBATE MÁS DIFÍCIL DE JOSÉ LEGRÁ

NACHO LABARGA
Marca.com

Lo mejor que me ha dado el boxeo fueron grandes satisfacciones sexuales". Así de pícaro se mostraba José Legrá (Baracoa, 1943) durante su última visita a MARCA. En realidad, la disciplina engordó su vitrina con títulos más prestigiosos como siete Campeonatos de Europa y dos Mundiales. Sus 22 victorias en 24 combates disputados le convirtieron en uno de los púgiles más carismáticos del boxeo español. Favorito del dictador Franco, El Cassius Clay de bolsillo pelea ahora por sobrevivir en una casa que le regaló el caudillo en el modesto barrio madrileño de San Blas.Tras albergar una fastuosa fortuna producida por su impacto y éxito internacional, Legrá se dedicó a negocios que no terminaron de cuajar. "Tuve mala suerte en todo aquello que monté. Me apoyé en personas que pensaba que eran de mi confianza y después me fallaron", aseguraba a Primera Plana el pasado mes de diciembre minutos después de recoger junto al mito Alfredo Evangelista el premio que le otorgaba como beneficiario del Fondo José Sulaimán.
Una especie de beca creada por el antiguo presidente del Consejo Mundial para asistir a antiguos campeones en apuros. Antes, cuando surtía con todo tipo de obsequios -relojes, abrigos de visón, sortijas...- a las mujeres con las que trataba, la gloria nunca le abandonó. Su primer éxito llegaría en 1967, después de que Vicente Gil, médico de confianza de Franco, llegase al vestuario y le dijese: "Por España, su Excelencia está pendiente". Se cargó al francés Yves Desmarets al tercer asalto en un triunfo que le supuso el título de campeón de Europa. Posteriormente, en 1968, llegaría el Mundial tras un épico combate ante Howard Winstone en Gales. "Resultó una cita épica, un recuerdo imborrable. Fue entonces cuando Franco comenzó a hablar más conmigo. Él siempre me trató bien y me regalaba palabras de cariño. Después de los triunfos me mandaba cochazos y me invitaba a El Pardo. No podría decir nada en su contra, porque siempre me trató correctamente, al igual que Juan Carlos", rememora El Puma de Baracoa, quien tendría su jornada de máximo esplendor el día que hizo besar la lona a Clemente Sánchez en su casa, en un pabellón abarrotado de Monterrey.
DE ALI A MAYWEATHER
Pepe, quien admira el talento de púgiles como Mayweather y Pacquiao, cree que su disciplina ha cambiado radicalmente. "Este deporte ya no es tan atractivo, ahora es otra cosa. Antes competíamos con regularidad, en la actualidad lo hacen una o dos veces al año. En España era el deporte número uno, ahora tan sólo uno más. Faltan estrellas como Carrasco, Urtain o Evangelista", se queja quien fuera compañero de Muhammad Ali en Miami: "Decían que me parecía a él, pero en realidad ya era profesional cuando él todavía era amateur". Tampoco sabría decir cuál de los púgiles actuales reedita mejor su estilo: "No soy yo quien deba decirlo, pero lo que puedo asegurar es que cuando me veo en vídeos no me creo que fuese tan rápido. Tenía unas piernas como para decir: '¡Ave María!'".

EL PRINCIPIO DEL FIN
Legrá colgaría los guantes bastante joven, con tan sólo 30 años, tras dos dolorosas derrotas. La primera, bastante igualada, ante Edder Jofre en 1973 y la segunda, pocos meses después y con mayor contundencia, ante el nicaragüense Alexis Argüello: "No me veía capacitado para seguir, muchos me decían que volviese a los rings como hicieron otros en el pasado, pero no quería". Montó negocios inmobiliarios e incluso una marca de calzado deportivo, pero los casi 400 millones de pesetas que obtuvo durante su carrera terminaron bajo la lona.
A sus 73 años, el púgil que encandiló a Franco sobrevive gracias a las ayudas del periodista José María García y al fondo que le otorgaron recientemente en Madrid. Alejado del boxeo por completo, sin acudir a eventos relacionados a su disciplina ni a programas televisivos como antaño, El Puma no coge el móvil ni a periodistas ni a cercanos. Pasa sus días amando a una única mujer y mentalizándose para superar el combate que nunca imaginó. La salud y el amor le acompañan, las finanzas no. "Vivo gracias a Dios y a la voluntad de buenas personas; el boxeo ya no me importa"